Chicho Navarro, el último hincha celeste de la vieja guardia

Hincha destacado

20/07/2012 | PAGINA SIETE

Hincha número uno de Bolívar, fue fundador de la barra que creó el Bo-bo-bo, li-li-li, via-via-via y presenció los mejores momentos de la Selección Boliviana de fútbol durante el siglo XX.

"Si le digo cuál es mi nombre pierdo apuestas", dice sonriendo don Chicho Navarro, el último miembro de un grupo de hinchas que fundó la barra más recordada y animada que ha tenido la Selección nacional en el siglo XX y que impuso la cueca Viva mi Patria Bolivia en los partidos, así como el legendario "¡Bo-bo-bo, li-li-li, via-via-via! ¡Viva Bolivia, toda la vida, con su Litoral!".

Un barrista de pura cepa, un corsario de la vieja guardia que apoyaba el fútbol boliviano y que salía a bailar cueca en plena cancha del estadio Hernando Siles antes de cada partido, enarbolando su pañuelo blanco mientras miles de personas lo veían en las tribunas y eran contagiadas por ese fervor futbolero. Ése es Chicho Navarro.

Lisandro Navarro (nadie lo conoce con ese nombre) nació un 26 de noviembre de 1927. Fue hincha de Bolívar desde la primera vez que su padre lo llevó a ver un partido a los siete años. Cuando abre las puertas de su casa en Obrajes, lo primero que se observa es un musculoso león con la camiseta de la celeste y, que junto a otros leones más comparte las paredes con imágenes de la Selección Boliviana de fútbol. Destaca una postal del Campeonato Sudamericano de 1963 que ganó Bolivia, o del equipo brasileño Santos, cuando Pelé formaba parte de ese plantel, entre muchas otras fotografías de la Verde en diferentes años.

El jugador número 12

A los 15 años empezó a trabajar en la librería e imprenta de Armando Gamarra, en aquel momento presidente del club Bolívar. Gracias a ello conoció a los fubolistas y colaboró con la organización de los entrenamientos del equipo tres veces a la semana en el estadio Andrade -ahora Obrero-. Era una especie de wawa, dice y agrega: "Al principio era un metete. Con el tiempo empecé a ir a los partidos, me hice amigo de los jugadores y pasaba más tiempo con el equipo, hasta que me hice socio a los 16 o 17 años".

Desde entonces, su unión con el Bolívar quedó sellada. Con los años se convirtió en el hincha número uno y reconocido como el jugador número 12 del equipo.

Después formó un grupo junto a otros amigos, en su mayoría profesores de educación física, que siempre asistían a los partidos de fútbol los domingos.

Así nació una fraternidad integrada, entre otros personajes, por el legendario hincha aurinegro Raúl Chupa Riveros, Alfredo Orozco (Pollo), Wálter Aguirre e Israel Prieto, con el objetivo de que, sin importar el equipo al que pertenecieran, todos debían apoyar incondicionalmente a la Selección nacional.

Bo-bo-bo...

"En 1957 o 1958 llegó la selección de Chile a jugar contra Bolivia. Fue en uno de esos momentos en que junto a José Paz Antezana, David Fernández y los otros nos pusimos a idear una frase de apoyo al equipo. En ese partido surgió el Bo-bo-bo, li-li-li, via-via-via. Viva Bolivia toda la vida, con su Litoral", recuerda.

En el Sudamericano de 1963, durante el partido contra Ecuador, con la ayuda de la Agencia de Viajes Copacabana y sin pedir permiso a "absolutamente nadie", hicieron imprimir 400.000 volantes con la frase que habían creado dividiéndolos en colores. Repartieron 100.000 de color rojo en la curva norte, el mismo número en amarillo para general, el verde para la curva sur y el blanco para preferencia.

Cada uno de ellos alentó desde un punto estratégico a que el público gritara junto a ellos. El esfuerzo valió la pena, pues la multitud congregada respondió y emocionada como nunca alzó la voz gritando "¡Bo-bo-bo!..". A partir de entonces se convirtió en el grito de guerra de una Selección que ganó el campeonato. "Era una emoción indescriptible, como para llorar", relata.

Ese hecho los convirtió en la barra principal del equipo boliviano, algo que surgió de la espontaneidad, que fue notado y posteriormente apoyado por la Federación Boliviana de Fútbol, que los quería tener siempre alentando al público.

El fin de una época

Ser uno de los fundadores de la poderosa barra de Bolivia le permitió conocer a figuras de la talla de Pelé y Maradona, presidentes de Bolivia y de otros países. Esta barra alentó a la Verde durante las eliminatorias para varios mundiales -al menos cuatro de ellos- y además asistieron a campeonatos y partidos de fútbol más veces de las que le es posible recordar para apoyar al club Bolívar.

"Hemos estado desde 1963 más o menos hasta 1980 en las barras (...). Hasta 1974 había mucha euforia porque siempre llegábamos a buenos puestos en el Sudamericano. Ahora es una vergüenza, creo que no estamos ni en el último lugar", dice al explicar que por algunos años más fue a los partidos, pero sólo como espectador.

Para este hombre de fútbol, una de las últimas alegrías fue la clasificación al Mundial de fútbol en 1994, cuando también alentó al seleccionado. Después la decaída de la competitividad del balompié nacional mermó el apoyo de la hinchada, que durante más de dos décadas fue incondicional.

Esa pasión y amor por el fútbol fueron transmitidos a su hijo Carlos y a sus nietos Marlon, Sergio y Valentina.

Los años no han pasado en vano y todos los barristas que junto a él alentaban a la hinchada han fallecido. "Soy el único que queda de aquella época y cualquier momento les doy un alegrón. Creo que a veces sería mejor dormir con Sábana Santa como los de la Selección de ahora", dice soltando una carcajada.

Para Navarro, lo importante es que jugadores y público recuerden que el fútbol es vida, gloria, pasión y tiene la capacidad de cambiar para bien el humor de todo un país. "Eso es algo que nunca deberíamos olvidar". concluye.

 

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