Mario Mercado, el ideólogo

Minuto 90

16/01/2012 | PAGINA SIETE

Cada nuevo año al promediar enero los bolivaristas persistentes recordamos momentos íntimos de la partida del gran presidente del club Don Mario Mercado Vaca Guzmán y cada año que pasa tenemos la percepción de que la sociedad en su conjunto lo extraña más porque es crecientemente más difícil encontrar hombres con sus virtudes y en lo particular Bolívar no ha podido aún absorber y digerir la pérdida de ese gran dirigente.

Lo que nos ha dejado Mercado es, para mucha gente, el Gran Centro, Tembladerani, Santa Rosa, Cotahuma, en definitiva cosas estáticas que, para ellos, deben quedarse como testimonio mudo de un pasado que permanece sin demora. Yo que he vivido el Bolívar día a día con Mario rescato otro legado, la idea de que un club no es una cosa hecha, sino un ser vivo que se está haciendo y creciendo de acuerdo a la realidad de cada época y no de a ratos, sino fruto de un esfuerzo cotidiano y sostenido, Mario traía cada día una nueva idea, un nuevo proyecto, un nuevo sueño.

Hoy cerrar la Indaburo, mañana abrir el Gran Centro. Hoy hacer nuestro estadio en Tembladerani, mañana construir 144 tiendas en la curva norte. Hoy iniciar un proyecto en Achocalla, mañana cerrar uno en Irpavi. Hoy traer a Chichi Romero, mañana a Etcheverry, hoy al técnico griego Giorgadis, luego al alemán Virba, al ruso Schevchenko, al checoslovaco Skripko, al bicampeón mundial Dajalma Santos para buscar mañana a Diego Maradona, el más grande de todos, para que juegue en el Bolívar. Muchos de estos proyectos se hicieron realidad otros nunca se hicieron, muchos fueron exitosos, otros fracasaron, pero lo que nunca se agotó fue el fuego de crear y de transformar hasta el último día de su vida.

Mario Mercado pertenece a esa estirpe de hombres a los que no espanta el error, que creen que el error no es un pecado o una mácula, es una escuela, y el hijo del error es el acierto. La negación del error como posibilidad o como hecho, la idealización del resultado acaban por ser un pilar de lo que la gran psicóloga culturalista Karen Horney llamó una ambición neurótica. Cuando caemos en las garras de esta ambición resultadista dejamos de tener relación y contacto con el contenido de lo que hacemos. Si lo importante es sólo el resultado, es no cometer errores, pasan a segundo plano lo que hacemos y para qué lo hacemos, el espíritu depositado en ello, la maravillosa alquimia de la realización, la transformación y el aprendizaje. ¿Cómo vacunarnos, además, contra el error? Dejando de hacer, cancelando acciones, proyectos, sueños; dejando de "meternos en problemas". Dedicarnos sólo a criticar a los que hacen y lógicamente cometen errores. Esto equivale a eliminar una herramienta esencial de nuestra condición humana y de nuestra sorprendente supervivencia como especie: la capacidad de probar, de corregir, de crear, de ensayar, de reflexionar, de arriesgar, de hacernos nuevas preguntas para explorar nuevas respuestas.

Mario Mercado podía estar desde el año 1968 hasta el 1976 sin ganar un campeonato y no desesperarse, ni perder el entusiasmo ni la energía para seguir trabajando por el desarrollo y el engrandecimiento de su club con la seguridad que los resultados vendrían, como vinieron, por gravitación propia.

En resumen, el legado de Mercado es que el Bolívar no es, al Bolívar se lo va haciendo, y nosotros tenemos la obligación histórica de transformar al Bolívar, de recrearlo, de darle nuestra impronta y que ése sea el mejor homenaje a Mario.

 

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